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Te mato…
Su dado mostraba el 4 y ella siempre iba por delante de él, en esta ocasión 4 casillas. Con sorna la despeinó y le repitió: “te mato amor”.
Los cuatro recogieron la cocina, guardaron los canapés de dátiles para que se estropearan en la nevera y en un instante volvieron a quedar solos. 32 se atrinchero en su pijama azul marino y 33 se abrazo al suyo intentando percibir un poco de calor humano, el propio. El pijama azul sentencio:”que descanses nos espera un duro día amor”. Si, dijo ella, refugiada en “El amor en los tiempos del cólera” y en un pensamiento fugaz aunque diario,¿amor?.
32 llegó temprano a su laboratorio. Como biólogo del Centro de Estudios Agrarios estaba inmerso en un proyecto de fertilización de algunos frutos….cotiledóneas, dicotiledóneas e injertos de árboles frutales en otras plantas….un naranjo en un rosal. Era esa su vida…su vida sexual también.
33 era tutora de un aula infantil, trabajo que amaba profundamente y donde satisfacía gran parte de sus inquietudes.Su mañana estaba decorada de miguitas de galleta,trozos de goma de borrar de Milan y virutas de lápiz junto al sacapuntas de aluminio,todas las mañanas excepto la del lunes.
36 era un poco desgarbado, solitario, atractivo, ausente y educador incansable… “cerrad los ojos y sentid como el piano le cede el paso al violín“. Le apasionaba enseñar…a sentir.
Hoy lunes de doce a una, 36 y 33 comparten la clase de música, entre testigos de nadie sabe qué relación extraña que une miradas con risas y palabras directas con indirectas.
¿Ran to ran esta tarde?, dice él
¿Qué si hago algo cuando?, dice ella
Y se enzarzan en una risa sin tiempo.
¿Comemos juntos?…Si, a las 3.
36 no preguntó mas. La condujo hasta su casa, un ático en la calle Levíes. El sol abrasaba en mayo pero ellos estoicamente lo compartieron en la terraza y comieron…y hablaron…y se miraron entre tejados rojos y amarillos y casas blancas…y copas de árboles que se erguían por encima de esos tejados, Alfalfa, Mercedarias….
Pasaron al salón y él comenzó a acercarse mientras ella comenzaba a alejarse tranquilamente. Él fue a besarla y ella giró la cabeza con dulzura volviendo después a su posición original. Esta vez si.
Sus labios eran calidos, suaves, húmedos y sinceros. Sus manos jamás tuvieron prisa y la acariciaban con una timidez inmediata, disipándose lentamente. De repente se sintió envuelta entre sus manos, se hizo agua, fuego, lluvia. Le besó el pecho con la calma con la que caen las hojas de un añedo en otoño, sin apenas movimiento, recorriendo con su lengua el camino que unía sus senos, como un paseo entre los acordes del Adagio de Albinoni. Le quitó con cariño la ropa, como si hubiera diseñado este momento en su memoria y como si lo hubiera revivido mil veces entre sus recuerdos. Ella le despojó de su armadura y le nombró su caballero, abandonando juntos todos los miedos. Lo contemplaba tan bello, tan tierno, tan dulce, tan amante. Sus manos se escondieron en su espalda, en sus hombros ,en su cabello, entre sus piernas. Sus dedos acariciaban en sinfonía la parte mas sensible de su cuerpo, se hizo manantial, se sintió volcán. Sin darse cuenta , como si no hubiera separación ni parte, le acarició el pecho, le besó profundamente y siguió el camino a través de las señales de su cuerpo , se estremecieron una y otra vez, todo en un único vals de gemidos, suspiros y besos. Comenzó a deslizarse dentro de su cuerpo con suavidad , lo que le permitía reconocer cada centímetro, saborear cada milímetro y casi sin esperarlo….sucedió. Y siguieron otra, otra y otra vez….sin final. Se colocó de espaldas, recostada de lado, abrazada encima, sentada y abrazada ,perdió la cuenta en el numero 12. Sabia que vivía algo inimaginable. Algo que solo podía suceder entre ellos dos. Se fumaron un silencio que continuaron con caricias y palabras en voz baja. Las velas y la oscuridad propias de la noche en esa tarde, completaban un clima tan íntimo como profundo, tan sensible como sensual, tan erótico como romántico. Se besaron con amor verdadero entregándose en cada movimiento como si fuera el ultimo, le acariciaba el pelo con su boca y el pecho con su pelo, confundían sus labios…todos sus labios. Él volvió a perderse dentro del laberinto de su cuerpo. Se fundían, se abrasaban y se calmaban con su propia agua. Se sentía sedienta y saciaba su sed con la de él. Disfrazaron los sentidos con una mascara de color pasión, ardiente y fugaz , ella pensó que él viviría un final pero no fue así, su final se postergo y en cambio en ella sucedió una y otra vez…en varias series repetidas de besos, caricias, voz baja, mas besos, mas caricias, mas voces bajas, hasta el momento en el que el mas dulce de los “te amo desde siempre” se escapó de sus labios y se sintió llena de su cuerpo, de las emociones, de momentos, de amor.
Juntos viajaron a Paris, su cama se convirtió en la ciudad del amor, caminaron del Pont Neuf a St Michel sin salir de la habitación. Reposó el tiempo suficiente para declarar su amor y volvió a besarla desde la frente hasta sus labios..sus otros labios, donde se quedó a vivir. Ella asimiló por completo su dulzura y a su vez le regalaba maravillosos momentos de emoción, de nuevos finales …. hasta perder la cuenta. Sucedieron mas besos sin tiempo, sin intención de más, promulgando un amor sin fin.

En la puerta y cabizbajo, él guardo duelo por su marcha, ella le sujetó la barbilla, sonrió, le besó y sentenció:” Me matas amor”
Juan Carlos Durán


Graaaaciaaaass! jajaja . Éste me encanta. EL del faro...ya te diré. Sigue compartiendo! Ah,te importa cambiar el color de la fuente? Cuesta leerlo, y es una pena que alguien se quede sin disfrutarlo. Hasta pronto. besos
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